

El bosque ribereño ofrece alimento, refugio y lugares
óptimos para nidificar. Algunas rapaces como el gavilán,
cazan con destreza entre la espesura; los milanos negros
se agrupan en dormideros dispuestos en los grandes árboles
de las orillas al regresar de su invernada en África. Otras
especies se han especializado en vivir en los troncos,
como los picamaderos, cuyo cráneo y cuello
están adaptados para soportar el conti-
nuo repiqueteo sobre la madera. Multi-
tud de pequeñas aves aprovechan ramas
de distinto tamaño, cortezas, huecos o
cualquier otro recurso disponible, como
los melódicos ruiseñores, los reyezuelos o
los diminutos chochines. Entre ellas resulta
interesante el mosquitero ibérico, una espe-
cie propia y exclusiva de la península Ibérica. Su
canto es la mejor prueba de su presencia.
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