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Aunque algunos mamíferos se pueden considerar acuáticos, la ribera
atrae a otras muchas especies que bajan a las orillas a beber o a cazar.
La única manera de detectar su presencia es a través de las evidencias
que dejan, en especial sus huellas, rastros y excrementos.
Pezuñas de distintos tamaños evidencian las piaras de jabalí. Las
ramas de sauce arañadas en primavera son muestra de que el corzo ya
tiene su nueva cuerna. La forma de las almo-
hadillas plantares, el número de dedos y las
uñas marcadas o no, acreditan la presen-
cia de ratones y topillos, de turones y te-
jones, merodeadores habituales de estos
ambientes o del esquivo gato montés.
Los excrementos resultan de gran uti-
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